(Zebra Records, 2004)

No disponemos de demasiados datos sobre el hombre que se esconde detrás del seudónimo. Y tampoco de un desconocido artista que debuta con un álbum tan escueto y delicado. A veces resulta casi mejor así, ignorando detalles que en realidad nada hacen a lo que de verdad importa, se puede disfrutar plenamente concentrándonos en la música en estado puro. En el delicado discurrir de estas canciones de cantautor, cantadas en inglés, en un registro de intimista y espartano folk – pop. Una sorpresa que llega sin estruendo, el debut de SIWEL será uno de los mejores discos editados en España este año.

Construido con el mínimo número de elementos, guitarra acústica tañida con delicadez y ocasionales arreglos de cuerda del mínimo intrusismo, es música que deja descansar todo su poder de seducción en esa clase de melodías que se adhieren cada vez más con cada escucha. El cuarteto que abre el disco, cuatro cortes concisos y preciosos (“Dreams”, “Straight From My Heart”, “I'd Like”, “Call Me Mr. Sad”) se convierte en la mejor carta de presentación, estableciendo las coordenadas del autor. Son melodías cantadas con una voz pequeña, casi tímida en su tono. Sin énfasis barrocos o melodramatismos, dejando que todo respire, que la emoción emerja con cada pequeño cambio, con cada desarrollo casi imperceptible.

Las comparaciones caerán pronto en un intento por definir y explicar el sonido de este disco. Suponemos que el primer nombre a colación será el de Nick Drake, especialmente observando el corte instrumental sin título que nos remite rápidamente a “Bryter Layter”. Pero no debería ser el único, tal vez ni siquiera el principal. Fred Neil o Tim Hardin podrían servir también de cajas de resonancia para un autor, que sin embargo se gana un lugar propio con una joya como “I Didn't Need to Know Your Name” que en apenas dos minutos dice todo lo que quiere decir. O con un trío final (“No Mistake”, “Time”, “Rest In Peace”) que cierra el ciclo con la misma delicadeza con la que se abrió.

Breve (apenas media hora), y a su manera tremendamente directo, pues sabe lo que quiere y va a por ello, el debut de SIWEL es un disco del que resulta difícil escribir. Pues parte de los elementos más clásicos para construir un persuasivo alegato a favor de las más eternas y discretas virtudes de seducción de la música de autor, de su capacidad como expresión del pulso oculto de la vida observada pacientemente en las horas del crepúsculo. En realidad, es lo de siempre, pero tal vez no se haya hecho aún las suficientes veces como para que canse. Y, probablemente, no se hará nunca.

ENRIQUE MARTÍNEZ (julio 2004)