(Sub pop/ Houston Party, 2001)

"No olvides las canciones que te han hecho llorar ni las que te han hecho reir" nos decía un Morrisey ansioso de trascendencia en los albores del final de los SMITHS. Uno difícilmente podría olvidar "Katty song", "New Jersey" o "Mistress", soberbios momentos de desolación y parsimonia sentimental incluidos en el célebre doble "Red House Painters" (93), la cumbre definitiva de la banda de Mark Kozelek y uno de los trabajos más destacados de la pasada década. Sin embargo, no olvidar algo así puede tener un efecto devastador: anular de valor toda la discografía posterior de los Red House Painters. Exacto, todo el libro de estilo del grupo- ese esqueleto acústico que visionaba a cámara lenta el legado de SMITHS en clave folk- quedaba perfectamente definido en esa maravilla con unos niveles de precisión y cohesión tales que ninguno de sus discos sucesores logró mantener. Y ya sabemos lo que pasa ante casos así: el impacto emocional, el rastro que deja éste en la memoria, unas veces selectiva y otras caprichosa, y los niveles de exigencia del oyente son la clave.

"Old Ramon", disco cuya grabación permanecía en el invernadero desde 1998 debido a los problemas legales entre el grupo y su anterior compañía, nos devuelve al mismo punto en el que sucesivamente nos habían dejado sus entregas anteriores: ¿merece la pena seguir coleccionando estas llorosas estampas que apenas varían el discurso anterior y son incapaces de superar su pasado?. Mi respuesta varía en intensidad cada día, pero siempre termina en el mismo punto, tras escuchar temas como "Void"- un estupendo y sentido tema donde el aire es cálido e inmóvil y su atmósfera plenamente envolvente- "Michigan" -segunda cima del disco apelando con tino al steal guitar- o "Smokey"- oh!, ya estoy con los ojos cerrados haciendo círculos mentales al son de esa guitarra- encuentro en ellas un túneles subterraneos que me llevan como un poderoso imán a su disco mágico y una vez allí me reencuentro con ese cancionero único que tanto saca de quicio a mis compañeros de piso. Son el reverso de una moneda que cuyos puntos débiles se localizan en composiciones totalmente prescindibles como "Byrd joel" o "Between days", pero que en conjunto presentan un notable balance que hace de este uno de los discos más destacados del año cuando mi recuerdo sabe olvidar y una obra menor preñada de nostalgia de tiempos mejores cuando, como hoy, termino comparándolo con el disco de la montaña rusa. ¿Veredicto? El mismo que merecieron los segundos discos de THE SUNDAYS, MOJAVE 3, LOS PLANETAS, PORTISHEAD o una hipotética secuela de "Un soplo en el corazón". Supongo que sabeis a lo que me refiero.

JAVIER BECERRA