(Elefant, 2006)

Siempre eclipsados por su relación con Belle & Sebastian, poco a poco los escoceses CAMERA OBSCURA van ocupando para la crítica un lugar más preferencial. Nos referimos a su propia parcela autónoma dentro de ese neoclasicismo de corte indie, mira sixties y un nada velado espíritu de fan, al lado de bandas como ESSEX GREEN, THE LADYBUG TRANSISTOR o, claro, los propios BELLE & SEBASTIAN. Posiblemente ya lo demandasen desde su primera entrega, pero de lo que no queda ninguna duda es que “Let´s Get Out Of This Country” (Elefant, 2006), su ya tercer trabajo, lo pide (y lo merece) a gritos. Estamos, de largo, ante el más inspirado paso de su discografía hasta la fecha y un irrechazable caramelo para los seguidores de ese pop que logra atrapar tu atención durante tres minutos, como si se hubiera alquilado uno de sus estribillos para vivir dentro de él. Ello, doy fe, ocurre en al menos dos momentos: el colorista single “Lloyd, I´m Ready To Be Heartbroken”, un efervescente fogonazo de country-soul orquestado que le guiña un ojo a Lloyd Cole en el título, y la titular “Let´s Get Out Of This Country”, un fantástico himno a la huída como antídoto del miedo del conformismo que si no es la mejor canción del grupo no le anda lejos.

Comandados más que nunca por Tracyanne Campbell tras la baja de Lee Thompson, CAMERA OBSCURA siguen demostrando que entre la ancha franja (temporal y estilística) que va del pop orquestado y expansivo de la Tamla Motown al recogimiento melancólico de THE SUNDAYS existen multitud de caminos que recorrer y por los que perderse. Desplazados en esta ocasión a Suecia para la grabación, arropados por una brumosa y densa producción de Jari Haapalainen (en ocasiones totalmente philspectoriana) y un espléndido trabajo de cuerdas en los arreglos, los aciertos no dejan de sucederse en su particular festival de fantasía pop. La envolvente sensualidad de los sesenta-en-mono de ese “Tears For Affairs” cercano a la bossa-nova, la cálida caricia country de la balada “Dory Previn” dedicada a la cantante de mismo nombre, el romanticismo a ritmo de vals de “The False Contender” o ese fulgurante “If Looks Could Hill” evocador de los grupos de chicas sesenteros son algunos de ellos. Pero donde de verdad tocan la fibra, a mi juicio, es en “Country Mile”, una magnífica estampa de esa íntima soledad que se respira conduciendo en las carreteras, justo cuando se hace silencio, empieza a asomarse la noche y uno se siente perdido en la inmensidad de la nada. Adaptada aquí a la fugaz y desordenada vida de un grupo en la carretera (“El cantante de la banda me hace querer llorar / Estamos dejando a nuestros nuevos amigos / estamos dejando esta ciudad / deseo que pudieras estar aquí conmigo” ), el resultado es realmente conmovedor.

Tercer disco de una banda que, no siendo de las imprescindibles, ha colocado sin hacer mucho ruido sus tres discos en los estantes de la habitación pop. Todos ellos con el sello de confianza y de ir sobre seguro que tienen esos discos de los días tontos que terminar por ser entrañables, con esa nostalgia sonora de lo no vivido que tan bien trasmiten.

JAVIER BECERRA (Septiembre 2006)