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A finales de los años cincuenta y principios de los sesenta, películas como "L'avventura", "L'eclisse" y "La notte" revolucionaron para algunos el mundo del cine y desquiciaron y agradaron por partes iguales a crítica y publico. Michelangelo Antonioni, el director de todas ellas, manejó el tempo narrativo de manera diferente a lo habitual hasta ese momento en el cine, siguiendo los postulados básicos de su maestro Rosellini. Los tiempos muertos y las elipses narrativas se enfrentaron definitivamente. El relato se modificó y convirtió en interesante y relativo a la narración ese momento de silencio, o vulgarmente dicho "no pasar nada", hasta hacerlo el tronco estructural de la propia película. El hecho de seguir a un personaje dentro del paisaje que se nos ofrece y observar sus reacciones ante las cosas mas cotidianas o indiferentes. Nuestra querida Sofia Coppola parece haber aprendido bien las enseñanzas del maestro italiano Antonioni, igual que su padre utilizó en una de sus películas más olvidadas "La Conversación" de 1974.
"Lost in Translation" es como la vida misma, con esa magia; aparentemente no pasa nada, pero ha pasado todo. La relación que se establece entre los dos personajes centrales del film es un hilo que se va tejiendo por debajo de nuestras miradas, que aparentemente sólo les persiguen a través de los paisajes urbanos y superpoblados del Tokyo del nuevo milenio. Dos personas extrañas en un mundo extraño y hostil en el que desde el primer momento se sienten desorientados y perdidos, tanto interior como exteriormente. Con ese primer jet-lag que se aferra a sus vidas y les hace vagar sin destino.
La línea básica argumental nos lleva a estos dos personajes. El primero en aparecer es la chica, Scarlett Johansson, mujer de un fotografo famoso que debe pasar unos días fotografiando a un grupo de rock y que parece seguir a su marido mientras piensa en que ocupar su vida después del matrimonio. Sumida en un insomnio repleto de aburrimiento que sólo calman sus ensoñaciones ante la ventana de su habitación y sus escapadas al bar, en el que conocerá al segundo personaje. Interpretado de manera impresionante por el gran Bill Murray, un actor al que todos venerarán desde ya, pero que ofreció interpretaciones memorables para Wes Anderson en "Academia Rushmore" y "Los Tenenbaums", además de protagonizar la muy de culto "Atrapado en el tiempo". Aquí actor en horas bajas que aprovecha su tirón japones para, como todas las estrellas norteamericanas que por allí pasan, embolsarse unos dolares nipones gracias a la publicidad de un whisky. Hecho este, el momento de la grabación del spot publicitario, que nos ofrece la posibilidad de entrever el sentido del humor de la propia directora, Sofia Coppola, tan peculiar y tan real; ya que el propio equipo de trabajo de la producción de "Lost in translation" era mitad americano y mitad japones y sufrió durante el rodaje los inconvenientes propios de no compartir el idioma, dando lugar a los equivocos y al propio chiste del título "Lost in translation" que yo traduciría cómo "lo que se pierde en la traducción".

De lejos y de refilón se perfila el personaje del marido fotógrafo, un algo sobreactuado Giovani Risbi, que nos sirve para acordarnos de Spike Jonze, ya ex-marido de Sofia Coppola, director de videoclips para los Beastie Boys, Björk y en parte responsable del fenomeno Jackass, además de meritorio director de la algo sobrevalorada "Como ser John Malkovich" y posible inspirador de parte de la trama de la película o más bien "en parte culpable" de la historia que une el guión y que Sofia escribio durante su proceso de separación. Como una buena novelista, parece que ha sabido destacar de su propia historia retazos de verdad para ilustrar una historia melancólica, aunque algo, por muy poco que sea, esperanzadora.
La atmósfera, la ciudad, el centro, el aeropuerto, las vistas desde la habitación del hotel, la luz fría, algo azulada, los movimientos de camara lentos pero con un compás interior agradable. Un estilo que ya se aplaudió en sus anteriores "Las Virgenes Suicidas" y que aquí nos remite a Godard, a su propio padre en la especial y nunca bien ponderada "One from the Heart(Corazonada)" y muy especialmente a Wong Kar Wai, director taiwanes de culto y responsable de alguna de las mejores películas de los 90. Los amantes extraños de los Buenos Aires de "Happy Together" nos recuerdan bastante a estos dos personajes que caminan, deambulan, se pierden y viven la noche de Tokyo.
Mención especial se debe a la segunda unidad de dirección, realizada por Roman Coppola, hermano de la propia Sofia y también heredero del genio de la saga familiar, que ya dirigió con exito algunos de los clips musicales más galardonados de los últimos años y en breve dará el salto al largometraje con la seguridad de ver el triunfo en algunos de sus amigos. Todos con un nexo de unión, Spike Jonze, Michael Gondry, Charles Kaufmann, Roman y la propia Sofia; la música. Pieza fundamental del puzzle de "Lost in translation", ya sea mediante el karaoke (¡Qué escenas!) o la música ambiental. Compuesta por el desaparecido en combate Kevin Shields, mítico líder de la banda My Bloody Valentine y que para la ocasión se ha sacado de la chistera tres o cuatro canciones muy buenas. Yo destacaría dos de sus nuevas composiciones, "Ikebana" un corte elctrónico instrumental que atrapa el espíritu de la ciudad y del propio film de una manera sencilla, pero fundamental. Y "City Girl" que es un juego de guitarras feedbackeadas muy cercano al de "Only shallow" o al "Soon" de su afamado "Loveless". Aunque, a decir verdad, el momento musical y que además se integra a la perfección con la historia es el momento en el que suena el "Just like honey" de The Jesus & Mary Chain. Un acierto increible por parte de la directora y que nos dice bastante sobre el buen gusto, el cuidado y el mimo con el que construye sus producciones. Debemos recordar que en su anterior película le ofrecio la banda sonora a Air, que a su vez recubrieron aquella historia de fascinación y melancolía de un regusto especial con sus composiciones.

Lo dicho, estamos ante uno de los mejores trabajos de la temporada y ante un nombre propio de por sí dentro del cine actual y que esperemos que en el futuro nos depare aun mejores gestas y más momentos inolvidables, como los que nos ha hecho vivir perdidos dentro de esta traducción.
GUILLERMO ARIAS (marzo 2004)
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